Aquí toca ser justos: hay freelancers extraordinarios, mejores que muchas agencias. Si encuentras uno con portafolio comprobable, referencias y criterio de negocio, tu proyecto está en buenas manos.
El matiz es estadístico. Una web que vende necesita al menos cuatro oficios: estrategia, diseño, desarrollo y SEO. Es raro que una sola persona domine los cuatro; lo normal es que sea fuerte en uno o dos y «cumpla» en el resto. Una agencia estructura especialistas por área y revisa el trabajo antes de que lo veas. No es magia: es división del trabajo.
¿Cómo evaluar a cualquiera de los dos? Igual: pide casos con resultados medibles, no capturas bonitas. Así evaluamos nosotros mismos nuestro trabajo en el portafolio de diseño web, y es el estándar que deberías exigirle a cualquier proveedor.